Las algas, que durante mucho tiempo se limitaron a un puñado de recetas japonesas, llegan ahora a nuestros platos como un aliado importante en los sistemas alimentarios sostenibles. Son ricas en nutrientes, fáciles de cultivar y requieren pocos recursos, por lo que pueden desempeñar un papel fundamental en la transición hacia sistemas alimentarios sostenibles.



Antes, las algas solo se utilizaban en unas pocas recetas japonesas, pero hoy en día llegan a nuestros platos como un auténtico aliado de los sistemas alimentarios sostenibles. Dado que las algas son ricas en nutrientes, fáciles de cultivar y requieren pocos recursos, pueden desempeñar un papel clave en la transición hacia sistemas alimentarios sostenibles.


Las algas (nori, wakame, dulse, lechuga de mar, kombu, etc.) son naturalmente ricas en proteínas, fibra dietética, minerales (yodo, hierro, calcio), vitaminas y antioxidantes, además de tener un bajo contenido en grasas. Desde un punto de vista ecológico, el cultivo de algas no requiere ni tierra cultivable, ni agua dulce, ni fertilizantes artificiales. Durante su crecimiento, las algas absorben CO₂ y el exceso de nutrientes, lo que contribuye a reducir la acidificación oceánica y a mejorar la calidad del agua.
A la luz de la fuerte demanda mundial de proteínas, las algas constituyen una alternativa local, renovable y de origen vegetal que reduce la presión sobre el ganado y las tierras agrícolas. Ya se utilizan en numerosos productos: en sustitutos de la carne, como ingredientes en la industria alimentaria, en complementos alimenticios e incluso en condimentos y aperitivos.